Acompañado de una diagramadora francesa, Jacqueline, y un periodista italiano, Franco, el escritor colombiano emprende un viaje por la cortina de hierro en el verano de 1957. El viaje empieza en Alemania oriental, continúa en Checoslovaquia y Polonia para terminar en la Unión Soviética a la que entra a través de Ucrania. Su última crónica constituye una visita a Hungría en 1959, país donde un año antes había ocurrido un levantamiento general reprimido violentamente con la ayuda del ejército ruso. Las impresiones del escritor son a veces contradictorias, sin por esto dejar de ser rigurosas y objetivas.
Primer párrafo
La cortina de hierro no es una cortina ni es de hierro. Es una barrera de palo pintada de rojo y blanco como los anuncios de las peluquerías. Después de haber permanecido tre meses dentro de ella me doy cuenta de que era una falta de senido común esperar que la cortina de hierro fuera realmente una cortina de hierro. Pero doce años propaganda tenaz tiene más fuerza de convicción que todo un sistema filosófico. Veinticuatro horas diarias de literatura periodística terminan por derrotar el sentido común hasta el extremo de que uno tome las metáforas al pie de la letra.
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