miércoles, 5 de agosto de 2026

Botella papel / Ramón Cote Baraibar

En Botella papel el hilo conductor tiene que ver con el origen y con el territorio, la ciudad, la ciudad más íntima que sitúa el instinto territorial más allá de lo físico, en los paisajes que la imaginación le transforma a los sentidos. En este libro es notable la contención poética de la prosa de los poemas. Darío Jaramillo Agudelo. 




Primer poema 
Demoliciones

Esta es la provincia más saqueada, ña princesa impotente sepultada entre las zarzas.Este es el territorio del eco, es espacio elegido por la pasión heráldica de la humedad para trazar con la punta de su espada el inicio de todas las destrucciones.

Sólo los niños comprenden que las casas demolidas son el lugar indicado para inventar sus ceremonias y convierten los lavaderos sin pedir permiso y con los ojos abiertos hasta la tiniebla, en improvisados altares del sarificio. Reúnen ladrillos como si participaran de algún rito iniciático y se sientan alrededor de los escombros con la seriedad exigida en los templos. Y le asignan a la escalera desolada, a su aturdido caracol de madera, el poder de un observatorio.

Aprovechando la llegada de la noche amontonan los desperdicios arrojados por los vecinos, recogen el pasto seco desdeñado por los jardineros  encienden una fogata con ese resto milagroso de alcohol que empapa las botellas vacías. Para algunos ese será el primer recuerdo del fuego, el ardor de su nombre pronunciado den la combustión de las llamas.

Sobre la parede huérfana, descubierta y desprovista de la casa vecina, más allá de los restos de azulejos de los baños y casu a punto de tropezar con el cielo, se arrastra una línea diagonal que marca el perfil de la casa desaparecida, como una cicatriz brutal y dolorosa. Los nuevos propietarios se apresuran a levantar, como una lápida intrusa, la valla que anuncia la empresa encargada de la demolición y el torpe dibujo a colores del próximo edificio.

Evangelio del viento : antología / Gustavo Tatis Guerra

La poesía es salvación, talismán contra el naufragio. La poesía de Tatis en su aventura de tocar el corazón del silencio, de encontrarse con lo innombrable, nombra. Estas plegarias constituyen un manifiesto por la vida: "un grito de monte que hará temblar el alma de las piedras. Roberto Burgos Cantor. 




Primer poema
El caballista

Cada vez que observo los caballos,
pienso que Dios descansó el séptimo día
y en su sueño se vio a sí mismo,
despertó, pero olvido los rasgos y pormenores
(somos barro de su barro, viento de su viento,
espejos frente a frente que se inventan y se anulan)

Quedaba, eso, sí, una vaga imagen del sueño:
una constelación, una ecuación, una bestia olvidada?

Entonces creó al caballo, a partir de su recuerdo, 
y vio que era bueno y hermoso, casi tanto como 
él mismo.

Los días son dioses / Robinson Quintero Ossa

En este libro existe una voz que, de principio a fin, sopesa su lenguaje. Sobre todo en un mundo de intuiciones naturales, interiores, personales. Allí se hace importante este poesía : en su desnuda belleza. Luis Germán Sierra J.






Primer poema
El poeta es quien más tiene que hacer al levantarse

El poeta es quien más tiene que hacer
al levantarse:
saludar el día
espantar los pájaros amargos
limpiar las palabras
regarlas y vigilar que no mientan.

No reproches su caminar ausente
su doligencia en nada
esa forma de cantar.


País intimo : selección / Hernán Vargascarreño

El país intimo de Vargascarreño tiene viajeros, trenes, estancias, confesiones, juegos de infancia, rituales, imprecaciones... Lo recorren trenes de equívocos trayectos; lo surcan imágenes luminosas, plenas de significado; lo atesoran casas en sus altos muros que devienen en tumbas; lo habita un hombre que se confiesa culpable, vivo, hastiado, rebelde, dispuesto a lanzar la piedra de la poesía contra nuestra conciencia para sacarla de su cómodo sueño. Patricia Iriarte.

Primer poema
Trenes

1
Una estaión que ve llegar
trenes rojos
trayendo como único pasajero
la noche;
un día el sueño se cumple:
llega el tren rojo,
se baja la noche,
y se instala para siempre
en la estación del olvido.

2
Los trenes que siempre han pasado
silenciosos, vacíos,
y en su última ventanilla
un niño muerto
dibujándome un adiós
con su mano triste.

3
O el tren perdido, 
el que nunca regresó
y tampoco llegó a su destino;
dicen que ahora es un fantasma;
a veces aparecen sus huellas
en los sembrados.

4
Los trenes deseados,
los que nunca humearán;
alguna vez nos despertará
su estrepitosa presencia
ante el asombro de la Muerte.

5
El tren transparente,
repleto de hermosa gente transparente;
ahora pasa cada nueve lunas
ante el estupor de los aldeanos,
pero nadie lo comenta
por temor a que los crean locos.

6
El guardagujas perverso;
el que enredó los hilos metálicos
e instauró el Caos.

7
El maquinista de sueños
en la última estación
Cómo anhela que los rieles
vayan más allá de su memoria.

8
El vendedor de boletos
que una tarde 
vino a comprarse a sí mismo
un boleto sin regreso.

9
El tren de los dioses.
Pasa solo una vez.
Alguien se baja, gira la guja,
borra la memoria de los hombres
y todo vuelve a empezar de la Nada.

10
El pregonero de rutas
que jamás ha subido un tren.

11
El tren que sueña con ser tren;
cada vagón una pesadilla
y su único pasajero yo mismo;
una vez se bajó y vino
a tomar el café conmigo;
desde entonces compartimos
la misma tumba.

12
El tren de los cuerdos.
El que sí pasa puntual todos los días;
el que regresa con mercancías
y pasajeros nuevos;
hoy ha llegado con un cargamento
de ataúdes importados, veinte
prostitutas vestidas de monjas
y cien cerdos blancos y hermosos;
ese tren nunca lo espero,
sin embargo, es el único maldito
que me humilla con su presencia.


El tiempo que me escribe : antología / Affonso Romano de Sant'anna

Gran poesía, realmente. Un poema nuevo y al mismo tiempo antiguo, que viene desde nuestros orígenes hasta los días de hoy y pasa revista al continente latinoamericano y al futuro en que vivimos, al pasado y al futuro. Jorge Amado. 







Primer poema
Elogio del cuerpo

Los hay más diestros, lo sé.
Pero con éste
corto a tiempo el gesto oculto,
asalto la noche, cruzo las horas
y huyo galopando en potros verdes.

Los hay más fuertes, lo siento.
Pero con éste
ataco, esquivo y agredo
como puedo.
Con éste parto para el combate
y con él retorno
      - si pierdo.

Los hay más amados, me dicen.
Pero éste sabe dónde, y sabe cómo, y sabe cuándo 
y nunca contaría
lo que oye y siente,
cuando en sus lechos se entreabren otros cuerpos,
con secretos repentinos, 
floraciones de ataque y paz.

Los hay mas bellos, los veo, 
en los tonos del bronce
y en el esplendor de mis calzadas.
Pero éste me calza como guante
y lo hundo entero en los abrazos
y lo retiro intacto del espejo.

Los hay mejores en todo, ya lo sé.
Pero es de éste que me sirvo, 
es éste el que me dieron,
éste el que alimento,
con éste tomo, beso y fructifico

y es con éste que fecundo mi propia muerte.

La tierra es nuestro reino : antología / Luis Fernando Afanador

La consicion es una dificil cualidad que consigue mostrar en el lengaje aquello que ha vivido en el corazón del hombre por muchos años, y la poesía de Luis Fernando Afanador nace de una convicción honda en esta palabra que es recogida en la noche del alma sin prisa alguna. Juan Felipe Robledo.





Primer poema
El baile

¿De quién repito un gesto con mi baile?
Amamos y sufrimos
Como quien hace
Figuras en el aire
Y sólo la musica perdura.


Mordedura de tiempo / María Ángeles Pérez López

La carnalidad verbal, la pasión vertical del pensamiento y la nitidez de la mirada conviven en armonía en la poesía de María Ángeles Pérez López. Una delicadísima contención y extrañeza nos dejan ver, lúcidamente, la sola materia. En estas meditaciones líricas, la autora revela lo que ésta dentro  de una mismo, el paisaje interior -el alma-, un "cuerpo de papel para la hoguera". Tenue frontera entre el cántico y el poema metafísico. La poesía de Pérez López cristaliza una de las voces más sólidas y diáfanas de la actual poesía española. Jorge Cadavid.

Primer poema
Mordedura de tiempo

Recuerdo con precisión cuando fui rosa de sangre
y crecían las libélulas de las orejas de los niños;
luego, esponja de luz en la bañera
para alumbrar los pechos dulces de las muchachas;
y ahora, delegada por el gobierno de mi país
para acompañar en su luto inconsolable
a las socorridas plantas de interior...

pero mi sueño es ser plato perfilado, 
la escudilla de espera,
sin memoria ninguna de ceniza.

Y es que conozco

el modo como los cuerpos cortan el aire

el vómito secreto de la piel amarrada
que dejamos caer por las esquinas,
o encima de mesa de mantel amarillo, 
para un amor precipitado en su mimo vértigo

y el derribo de los andamios interiores
que deja un llanto de huérfanos insoportable
porque cada vez mueren mas obreros contruyendo
y el una pena.



Antología / María Mercedes Carranza

El tono de varios de sus poemas pertenece a la conversación hablada, a un tú cercano que le conversa al lector, aquí un cómplice de la ironía, esa forma de tamizar una ira muy joven  de una joven poeta. Dario Jaramillo







Primer poema
Aquí entre nos

Un día escribiré mis memorias, ¿quién
que se irrespete no lo hace? Y 
allí estará todo.Estará el esmalte
de las uñas revuelto
con Pavese y Pavese con las agujas y 
una que otra cuenta de mercado. Donde 
debieran estar los pensamientos
sublimes pintaré
tus labios a punto de decirne 
buenos días todos los días.Donde
 haya que anotar lo más importante
recordaré un almuerzo
cualquiera llegando al corazón
de una alcachofa, hoja a hoja.
Y de resto,
llenaré las páginas que me falten
con esa memoria que me espera entre cirios,
muchas flores y descanse en paz.


Puerto calcinado / Andrea Cote Botero

Los poemas de Andrea Cote, atentos al transcurrir de un teimpo agreste, revelan un mpulso por no escamotear ni la tragedia, ni el olvido, en los que se envuelve nuestro drama individual y colectivo. Es la suya una poesía refelxiva que busca la expresión  de un paisaje calcinadoen imágenes justas, en ritmos diversos. Juan Manuel Roca




Primer poema
La merienda

También acuérdate María
de las cuatro de la tarde
en nuestro puerto calcinado.
Nuestro puerto
que era más bine una hoguera encallada
o un yermo o un relámpago.

Acuérdate del suelo encendido,
de nosotros rascando el lomo de la tierra
como para desenterrar el verde prado.

El solar en donde repartían la merienda,
nuestro plato rebosante de cebollas
que por dentro salaba mi madre,
que para nosotros pescaba mi padre.

Pero a pesar de todo,
tú lo sabes,
habríamos querido convidar a Dios
para que presidiera nuestra mesa,
a Dios pero sin verbo
sin prodigio
y sólo para que tú supiera,
María,
que Dios está en todas partes
y también en tu plato de cebollas
aunque te haga llorar.

Pero sobre todo,
acuérdate de mí y de la herida,
de antes de que pastaram de mis manos
en el trigal de las cebollas
para hacer de nuestro pan 
el hambre de todos nuestros días
y para que ahora,
que tú ya no te acuerdas
y que la mala semilla alimenta el trigal de lo desaparecido
yo te descubra, María,
que no es tu culpa
ni es culpa de tu olvido,
que este el tiempo
y este su quehacer.

Los poemas de la ofensa : selección / Jaime Jaramillo Escobar

Jaime Jaramillo Escobar es el más notorio de los poetas nadaístas. Por muchas razones. Gonzalo Arango. dijo que su poesía justificaba haber fundado el Nadaísmo. Eduardo Escobar.

Primer poema
Envío

A los que no necesitan estudiar cosas raras
para comprender la poesía.