Desde la otra orilla, sueño y locura, o desde las márgenes de un orbe regentado por quienes pensaron que la mujer es la clase obrera del hombre, como afirmara con sorna Carlos Marx, hasta las acusadas de relapsas mientras eran conducidas a la pira en la larga noche de la Inquisición, como Prisca, Doris, Guidasa y Guitamonda, hay en este libro un gran fresco sobre la mujer. Son retratos líricos y retratos clínicos de honda belleza de forma y honda belleza de contenido, envueltos en un lenguaje despojado de afeites y ropajes. Y lejos, muy lejos, de trasuntos feministas y de lo puramente anecdótico o episódico.
Primer poema
Qué
A qué secreto del alba
me entrego.
A qué mundo,
a qué memoria,
a qué olvido.
Sólo el tiempo
dirá la última palabra,
vertiginoso Señor de los días
al que fueron confiadas mi vida
y las rosas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario