miércoles, 5 de agosto de 2026

País intimo : selección / Hernán Vargascarreño

El país intimo de Vargascarreño tiene viajeros, trenes, estancias, confesiones, juegos de infancia, rituales, imprecaciones... Lo recorren trenes de equívocos trayectos; lo surcan imágenes luminosas, plenas de significado; lo atesoran casas en sus altos muros que devienen en tumbas; lo habita un hombre que se confiesa culpable, vivo, hastiado, rebelde, dispuesto a lanzar la piedra de la poesía contra nuestra conciencia para sacarla de su cómodo sueño. Patricia Iriarte.

Primer poema
Trenes

1
Una estaión que ve llegar
trenes rojos
trayendo como único pasajero
la noche;
un día el sueño se cumple:
llega el tren rojo,
se baja la noche,
y se instala para siempre
en la estación del olvido.

2
Los trenes que siempre han pasado
silenciosos, vacíos,
y en su última ventanilla
un niño muerto
dibujándome un adiós
con su mano triste.

3
O el tren perdido, 
el que nunca regresó
y tampoco llegó a su destino;
dicen que ahora es un fantasma;
a veces aparecen sus huellas
en los sembrados.

4
Los trenes deseados,
los que nunca humearán;
alguna vez nos despertará
su estrepitosa presencia
ante el asombro de la Muerte.

5
El tren transparente,
repleto de hermosa gente transparente;
ahora pasa cada nueve lunas
ante el estupor de los aldeanos,
pero nadie lo comenta
por temor a que los crean locos.

6
El guardagujas perverso;
el que enredó los hilos metálicos
e instauró el Caos.

7
El maquinista de sueños
en la última estación
Cómo anhela que los rieles
vayan más allá de su memoria.

8
El vendedor de boletos
que una tarde 
vino a comprarse a sí mismo
un boleto sin regreso.

9
El tren de los dioses.
Pasa solo una vez.
Alguien se baja, gira la guja,
borra la memoria de los hombres
y todo vuelve a empezar de la Nada.

10
El pregonero de rutas
que jamás ha subido un tren.

11
El tren que sueña con ser tren;
cada vagón una pesadilla
y su único pasajero yo mismo;
una vez se bajó y vino
a tomar el café conmigo;
desde entonces compartimos
la misma tumba.

12
El tren de los cuerdos.
El que sí pasa puntual todos los días;
el que regresa con mercancías
y pasajeros nuevos;
hoy ha llegado con un cargamento
de ataúdes importados, veinte
prostitutas vestidas de monjas
y cien cerdos blancos y hermosos;
ese tren nunca lo espero,
sin embargo, es el único maldito
que me humilla con su presencia.


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