Los poemas de Andrea Cote, atentos al transcurrir de un teimpo agreste, revelan un mpulso por no escamotear ni la tragedia, ni el olvido, en los que se envuelve nuestro drama individual y colectivo. Es la suya una poesía refelxiva que busca la expresión de un paisaje calcinadoen imágenes justas, en ritmos diversos. Juan Manuel Roca
Primer poema
La merienda
También acuérdate María
de las cuatro de la tarde
en nuestro puerto calcinado.
Nuestro puerto
que era más bine una hoguera encallada
o un yermo o un relámpago.
Acuérdate del suelo encendido,
de nosotros rascando el lomo de la tierra
como para desenterrar el verde prado.
El solar en donde repartían la merienda,
nuestro plato rebosante de cebollas
que por dentro salaba mi madre,
que para nosotros pescaba mi padre.
Pero a pesar de todo,
tú lo sabes,
habríamos querido convidar a Dios
para que presidiera nuestra mesa,
a Dios pero sin verbo
sin prodigio
y sólo para que tú supiera,
María,
que Dios está en todas partes
y también en tu plato de cebollas
aunque te haga llorar.
Pero sobre todo,
acuérdate de mí y de la herida,
de antes de que pastaram de mis manos
en el trigal de las cebollas
para hacer de nuestro pan
el hambre de todos nuestros días
y para que ahora,
que tú ya no te acuerdas
y que la mala semilla alimenta el trigal de lo desaparecido
yo te descubra, María,
que no es tu culpa
ni es culpa de tu olvido,
que este el tiempo
y este su quehacer.

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