jueves, 6 de agosto de 2026

Aquí estuve y no fue un sueño / John Jairo Junieles Acosta

Cuando Junieles descubrió que la desolación monosilábica de su abuelo o las ceremonias repetitivas de sus tías, tenían un poder lírico tan revelador como el de una frase de Carver, su poesía comenzó a apoderarse de un dominio personal verdadero. El artista que estaba en él cayó de bruces en la claridad de sus obsesiones. Entendió que el nacimiento de su palabra venía de una anterioridad sabía y que las obsesiones más fértiles suelen ser travesuras del origen.

Primer poema

Rituales

Toma una vela roja, y con un clavo escribe en ella el nombre de quien amas, enciéndela y déjala alumbrar lo que dura un Padre Nuestro, luego apágala con tu saliva.

Toma un plato lleno de azúcar, escribe tu nombre y el que ocupa tus sueños. Llévalo al patio, y recógelo cuando las hormigas hayan terminado.

Enciende tres velas blancas con fósforos diferentes; con la  vela que más dure enciende un papel verde, donde hayas escrito tus peticiones, abre la ventana y sopla las cenizas.

Coloca en un plato con miel dos clavos viejos de herradura de caballo en forma de cruz, unta con la miel la punta de un lápiz negro y escribe en el espejo donde te peinas el nombre de todos tus miedos. Luego, a la medianoche, lávalo con tu orín y sécalo con las páginas del calendario.

Después de todo esto no olvides: lavarte la boca, lustrar tus zapatos, y robar la cartera de tu padre.

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