Toma una vela roja, y con un clavo escribe en ella el nombre de quien amas, enciéndela y déjala alumbrar lo que dura un Padre Nuestro, luego apágala con tu saliva.
Toma un plato lleno de azúcar, escribe tu nombre y el que ocupa tus sueños. Llévalo al patio, y recógelo cuando las hormigas hayan terminado.
Enciende tres velas blancas con fósforos diferentes; con la vela que más dure enciende un papel verde, donde hayas escrito tus peticiones, abre la ventana y sopla las cenizas.
Coloca en un plato con miel dos clavos viejos de herradura de caballo en forma de cruz, unta con la miel la punta de un lápiz negro y escribe en el espejo donde te peinas el nombre de todos tus miedos. Luego, a la medianoche, lávalo con tu orín y sécalo con las páginas del calendario.
Después de todo esto no olvides: lavarte la boca, lustrar tus zapatos, y robar la cartera de tu padre.

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